Reseña – Herederos del cosmos: Los viejos salvajes – Carlos Amorós

(Publicado en Buensalvaje Perú. Octubre 2015).

Carlos de la Torre Paredes (Lima, 1988) ■ Ediciones La Nave (2015) ■ 160 páginas ■ 30 soles

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Novela. Los viejos salvajes fue el primer libro publicado de Carlos de la Torre Paredes, con la que irrumpió en el panorama literario peruano en 2012 al ser una de las menciones honrosas del IV Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro.

En esta cuidada e ilustrada segunda edición a cargo de Ediciones La Nave podemos darle una nueva revisión a esta aventura convertida en una «ópera espacial» pues Los viejos salvajes regresa como el primer capítulo de una saga de ciencia ficción, Los herederos del cosmos, que se espera con muchas expectativas literarias.

En esta primera parte, el autor nos presenta una muy bien contada historia, cuya principal virtud (y por momentos defecto) es su factor de minuciosa descripción de un mundo en un futuro que el lector imagina y vive con emoción, suspenso, terror y miedo. De la Torre Paredes ha escrito una novela de aventuras de ciencia ficción entretenida, que consolida el buen momento que vive la literatura fantástica y de ciencia ficción en nuestro país. Pero, también ha escrito una historia de suspenso psicológico, con tintes de terror y narrativa «zombie» y contestataria a la vez.

El autor desarrolla así un mundo en un futuro en donde las diferencias de razas, religiones y formas de pensamiento coexisten muy bien organizadas políticamente, donde la mujer juega un rol secundario de acompañamiento al hombre, y en donde nuestro planeta es un recuerdo de buenos momentos que quedaron en un pasado ya lejano.

Pero el núcleo de la historia lo conforma la odisea del personaje principal Rick Gonzales, un experimentado mercenario interespacial que luchará contra sus propios miedos para salvarse, salvar a sus antiguos compañeros de combate y salvar a la humanidad de una forma extraterrestre jamás vista por los humanos.

Con esta novela breve, Carlos de la Torre Paredes se convierte en abanderado de una literatura fantástica y de ciencia ficción que cada día amplía su abanico de posibilidades en torno a temas y formas de contar historias, llegando cada día a más público, no solo al juvenil. Hay que leer esta nueva edición para entender lo que digo.

Por Carlos Omar Amorós

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Reseña: Los Viejos Salvajes y Campos de Batalla de Carlos de la Torre Paredes – Tanya Tynjala

(Publicado en Amazing Stories el 26 de marzo de 2015).

Los Viejos Salvajes
Peithos Editores
ISBN: 978-612-46264-2-5
Lima, 2012

Campos de Batalla
Ediciones Altazor
ISBN: 978-612-4215-08-7
Lima, 2013

El joven escritor Carlos de la Torre Paredes empieza con buen pié en la literatura peruana. Su novela de ciencia ficción “Los Viejos Salvajes”, quedó segunda mención honrosa en el IV Premio Cámara Peruana del Libro de Novela Breve en 2012. Cabe mencionar que al mismo tiempo nos abre puertas a otros escritores de ciencia ficción, al ser éste un premio de literatura “mainstream”.

Esta novela corta se podría catalogar dentro del sub género de la Space Opera, por sus verosímiles descripciones de naves espaciales y batallas galácticas. Los personajes están bien construidos, sin demasiadas descripciones evidentes, sino más bien con situaciones que nos muestran sus personalidades mediante actos. Por otro lado no son personajes unidimensionales, sino que tienen sus cualidades y defectos, como todo ser humano normal. La narración fluye naturalmente tanto así que yo, que siempre me paso de largo descripciones de naves y enfrentamientos, no tuve la necesidad de hacerlo en este caso (sí, crucifíquenme si quieren, puristas del género: no pienso aguantarme descripciones de naves que ni siquiera existen en la realidad, simplemente me aburro). Si bien algunas veces las descripciones detallistas resultan pesadas, sin embargo funcionan dentro del relato, porque al estar en un lugar cerrado (la nave espacial) esos detalles nos hacen entrar en ese ambiente monótono e impersonal que debe resultar una nave de esa naturaleza, en donde “no hay nada más que hacer”.

Como referentes de esta novela se pueden nombrar Solaris de Stanislaw Lem o Alguien Mora en el Viento, del chileno Hugo campos de batallaCorrea. En efecto al igual que en las novelas nombradas los personajes de los Viejos Salvajes se enfrentan con una entidad que les hace toma conciencia de sus limitaciones antropomórficas y que lleva al lector a cuestionarse el significado de la naturaleza humana, de la solidaridad, de la fidelidad de las relaciones y más profundos sentimientos del hombre. Pero si en Solaris la “entidad” enfrenta a los personajes con sus culpas y en “Alguien Mora en el Viento” le hace entender su absurda soberbia, en la obra de Carlos de la Torre Paredes, esta entidad toma la forma de los más oscuros sentimientos del alma humana para así llevarla a su propia aniquilación.

Un solo detalle me ha perturbado la placentera lectura de esta novela y es el uso de notas a pié de página para “explicar”, sobre todo de qué tipo de nave se está hablando. Me parece completamente innecesario especialmente cuando la nota repite lo ya dicho en el relato, como en el ejemplo siguiente:

“El piloto empieza a escapar rogando que ningún misil lo alcance, menos un MJ-1 (11), pues apagaría su motor […]”
La nota a pié de página dice: (11) Misil diseñado para interrumpir temporalmente el funcionamiento de los motores.

¿Ven a lo que me refiero? La razón tras el uso (o abuso) de las notas a píe de página se aclara en el capítulo VII (pág. 139), cuando el narrador habla de un topo y la nota explica que se trata de un: “pequeño roedor terrícola que, según los libros de historia natural, vivía bajo tierra y padecía de ceguera ante la luz”. Es en ese momento que entendemos que no estamos ante un libro que nos presenta un futuro desconocido, sino que ha sido escrito PARA, los lectores de ese futuro y por lo tanto ellos necesitan esas notas que les explican una realidad que ya no existe. Sin embargo esta nota llega muy tarde y yo ya me convencí de que el autor cree que soy tan tonta que no voy a entender la maquinaria que describe. Pero este juego de escribir un libro no pensando en nuestro presente como lectores objetivos sino en unos lectores que forman parte del mundo posible descrito en la obra, me gusta. Solo hubiese querido que una nota como la del topo hubiera llegado más temprano en la narración, para poder disfrutar del detalle desde el principio.

Herederos del cosmos lvs imagen 2Otro detalle más que negativo, pero esto no es error del autor, es el comentario de la contratapa, realizada por el gran escritor, sobre todo de literatura infantil, Oscar Colchado Lucio. Dice la nota: “Hay un gran conocimiento de las interioridades de las naves espaciales y de su desplazamiento en el cosmos”. ¿En serio? En ese caso nos encontramos ante un vidente, pues dichas “naves espaciales” no existen en nuestra realidad. Una cosa es que el mundo posible esté verosímilmente construido y otra cosa es que sea acorde con la realidad. Esa es una regla básica de la literatura y se aplica mucho más a la vertiente fantástica y sus sub géneros.

Pienso que es importante que los libros del género sean reseñados, prologados, etc. por gente que sepa del mismo. No sé de quién fue la idea de pedirle una comentario a Oscar Colchado, pero vemos el resultado de escribir sobre lo que no se sabe.
“Campos de Batalla” no es una novela de ciencia ficción, sino más bien de fantasía. En ella también nos encontramos con una entidad que en este caso se alimenta de la guerra, del sufrimiento humano y nuevamente el personaje principal se enfrenta a sus más profundos sentimientos, que la obligaron una vez y la siguen obligando a tomar dolorosas decisiones.

Esta corta novela tiene una estructura de cajas chinas y por lo tanto dos narradores, lo que no impide que sea fluida y de fácil lectura. Ni el misterioso “Nadie” del principio del relato, ni la historia narrada por el hijo que regresa nos revelan el sorprendente final. Y es que Carlos de la Torre Paredes es sin lugar a dudas un narrador magistral. Esta novela al igual que la anteriro, nos ofrece múltiples lecturas, la primera simplemente como diversión, la segunda más profunda nos hace cuestionarnos el significado de la humanidad, de la amistad, de la lealtad, es decir de nuestros sentimientos.

En conclusión dos novelas cortas que recomiendo y un autor al que no hay que perder de vista.

Reseña – Herederos del cosmos: Los viejos salvajes – Elton Honores

Carlos de la Torres Paredes. Herederos del cosmos – Los viejos salvajes. Lima: La nave, 2015. 154 pp.

 

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Los viejos salvajes de Carlos de la torre irrumpe en el panorama local en el año 2012 al ser finalista del IV Premio de la CPL. Su presencia resultó insólita teniendo en cuenta que la corriente principal o “mainstream” nunca estuvo interesada en la CF, menos aún la narrativa de aventuras. Las aventuras o bien se instalaron en el medio local a través de las historietas y comics en los años 50 o bien surgió desde una narrativa épica ligada a las reivindicaciones de los movimientos campesinos (casi siempre condenadas al fracaso), pero no desde códigos de la CF o de lo fantástico. Excepciones son los casos de José Estremadoyro en Glasskán o José Adolph en la magistralMañana, las ratas. Lo que hoy acontece es, sin duda, un fenómeno generacional y a la vez global. Una generación de escritores que influenciados por el mundo del cine, los juegos de rol y videojuegos, producen sus ficciones desde estos paradigmas. Esto nos lleva a reflexionar sobre una cuestión previa: el carácter de la literatura como entretenimiento. Para muchos, la literatura no debe entretener, es una función menor, secundaria de la literatura como arte, pues hace de aquella algo evasivo. Pero nada se construye ex nihilo, es decir, nada se crea de la nada, menos aún en literatura.

Es difícil saber cuál será el futuro de un escritor novel, con una opera prima, aunque el autor ha publicado ya dos textos más que forman otra saga: Campos de batalla (2013) y Cuando la sangre importa (2015). Sin embargo, Los viejos salvajes obtuvo críticas positivas. Por ejemplo. Benjamín Roman (2013) sostiene que es una novela de “[…] ciencia ficción-terror-aventura […] [con personajes] Humanos con reacciones psicológicas extremas, posesos cuyas mentes no diferencian su realidad con la realidad, canibalismo, parafilias. Implacables ataques organizados de una especie alienígena contra los humanos”. El gurú de la CF peruana, el faraón Daniel Salvo (2013), sostiene que en la novela “[…] la humanidad galáctica ya no está integrada solamente por descendientes de anglosajones, sino por representantes de un mundo que en realidad es más diverso de lo que se pensaba. Tanto es así, que no existe una sola entidad política que represente a los humanos, sino varias, una de ellas, descendiente de nuestra propia cultura latina. Y es justamente este eterno intercambio/choque entre culturas el origen de varias de las subtramas del libro, Parece que los seres humanos siempre nos estaremos enfrentando a los peligros de lo desconocido, y también, entre nosotros mismos”.

Igualmente, Tanya Tynjälä (2015), establece relaciones con dos clásicos de la CF: “Solaris de Stanislaw Lem o Alguien Mora en el Viento, del chileno Hugo Correa. En efecto al igual que en las novelas nombradas los personajes de los Viejos Salvajes se enfrentan con una entidad que les hace toma conciencia de sus limitaciones antropomórficas y que lleva al lector a cuestionarse el significado de la naturaleza humana, de la solidaridad, de la fidelidad de las relaciones y más profundos sentimientos del hombre. Pero si en Solaris la “entidad” enfrenta a los personajes con sus culpas y en “Alguien Mora en el Viento” le hace entender su absurda soberbia, en la obra de Carlos de la Torre Paredes, esta entidad toma la forma de los más oscuros sentimientos del alma humana para así llevarla a su propia aniquilación”.

Hasta aquí observamos que la recepción de la novela es básicamente producida por narradores. No existe aún un aparato crítico permanente que procese esta variada producción que cada año aumenta. A lo ya dicho en una reseña anterior (ver blog “Iluminaciones”) solo agregaré un par de reflexiones que surgen de esta nueva lectura, al modo de glosa: hay un futuro implícito en la novela. En ese futuro todavía pervive el conflicto entre la civilización y la barbarie. Ser civilizado significa estar dentro del sistema, estar integrado al orden; mientras que lo bárbaro supone vivir fuera del sistema, al margen, en la anarquía. Evidentemente los personajes, los “viejos salvajes” viven des-integrados al sistema. Solo viven para la aventura militar-violenta. Las únicas fantasías que aparecen como flashes son las de dejar esa vida para formar una familia con alguna mujer latina. Y aquí encontramos un problema: la mujer. Las mujeres no aparecen en la novela ¿pero, tendrían que hacerlo? Desde el presente extratextual, esos cambios (mayor participación de la mujer en las esferas de lo público) son necesarios. Pero en este futuro, estas demandas se suspenden (no hay lucha de clases, ni racismo). La realidad se uniformiza, se homologa. Todos están conectados en una globalidad, que mantiene la tradición. Cuando es mencionada la mujer o es un objeto sexual, o debe cumplir la función de madre o incluso es objeto alimenticio por un rito caníbal (algo muy real y que algunas personas todavía piensan así, por ejemplo, los golpeadores que adornan los programas de tv. de entretenimiento local). El narrador no ha inventado nada. Lo fundamental en las narrativas populares es que recoge un imaginario vigente. Pero el lector discute ese mismo imaginario. La conclusión es que desde el punto de vista tradicional, la aventura está ligada al universo masculino, en ella no intervienen las mujeres o en su defecto, acompañan al héroe, son objetos de deseo, pero no sujetos que buscan.

A nivel formal la novela se construye sobre la base de la estética del videojuego, con sus victorias que se van acumulando y contando, como puntos o créditos para seguir subsistiendo, y los seres monstruosos alteridad-oponente a los que hay que vencer. La vida es entendida como un videojuego en el que hay que matar para sobrevivir. Y a nivel ideológico, hay una añoranza en estos “viejos salvajes” que puede sintetizarse en la frase: “todo tiempo pasado fue mejor”. Entonces, ¿podemos afirmar que la novela es más conservadora y menos subversiva? Sí. ¿Eso la hace mejor o peor que otras narrativas? Eso depende de para quién. Son distintos los intereses tanto del lector ideal promedio como de la minoría selecta que escribe la historia del género.

 El futuro que se representa en la novela es entonces engañoso, pues se suspenden las contradicciones del presente o se mantienen solo algunas de sus claves: el imperio y la colonialidad, el control de los cuerpos, el castigo a los que transgreden el orden de cosas. Los viejos salvajes es una opera spacial que cumple su función de entretener al lector, llevarlo no tanto a un futuro sino a un escenario-espacio cerrado, a una nave perdida en el cosmos. Como aventura cumple con las expectativas del género, pero deja también en suspenso un final. Se anuncia una saga, una continuación, una serie, un universo, un mundo posible. Su complejidad dependerá de lo que el narrador desee mostrar-representar, jamás del lector, menos aún del crítico.

La principal virtud del autor es la facilidad para contarnos una historia. Coincidimos con Óscar Cochado (2012) cuando sostiene que: “Los viejos salvajes es un buen relato de ciencia ficción. El interés se mantiene en todo momento. Hay un gran conocimiento de las interioridades de las naves espaciales y de su desplazamiento en el cosmos. La prosa, muy bien manejada, da como resultado una narración fluida, de fácil lectura”. La novela cumple así con los requisitos del relato de aventuras de CF y de la literatura de entretenimiento. La excelente edición de Los viejos salvajes se complementa con las soberbias ilustraciones de Jhosep Abarca Gómez y Carlos Yáñez Gil que recogen algunas secuencias de la trama.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Publicado por Elton Honores en el blog Iluminaciones el viernes, 24 de julio de 2015